La frustración con el status quo finalmente está conduciendo a un estallido de innovación para la educación universitaria.

Durante décadas, la educación vocacional ha sufrido las maldiciones gemelas de un bajo estatus y una innovación limitada. Los políticos han equiparado la educación superior con las universidades tradicionales del tipo a las que ellos mismos asistieron.
Los padres han alejado a sus hijos de los “talleres de artes manuales”. Y se ha dejado languidecer a los estudios vocacionales: los residuos de una era industrial en vez de colaboradores de una nueva economía.
Un informe reciente elaborado por la consultora administrativa McKinsey, llamado “Educación para el empleo: Poniendo a trabajar a los jóvenes de Europa”, pinta un panorama desalentador del estado de la educación vocacional.
En cuatro de los siete países analizados, más de la mitad de los jóvenes que tomaban un curso académico dijeron que habrían preferido uno vocacional. Pero habían…
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