Deja la ingeniería para crear y distribuir waffles


La masa es confeccionada en Isabela, con ingredientes hechos en Puerto Rico, a excepción de dos que importa, y se destacan por su sabor dulce, no tener preservativos ni sabores artificiales ni necesitar syrup, así como por tener dos texturas, panoso por dentro y crujiente por fuera.(francisco.rodriguez@gfrmedia.com) 

Luis Medina, de 35 años, prefirió apostar por un negocio propio de creación y distribución de waffles que desde su comienzo ha estado en crecimiento.

Luis Medina quiere saber hasta dónde puede llegar con su empresa de waffles y por eso, no escatima esfuerzo ni sacrificios.

Al joven ingeniero le iba bien. Desde hacía siete años, tenía un trabajo de ocho horas con una buena remuneración; estaba ejerciendo su profesión y, sobre todo, en la Isla. ¡¿Qué más puede pedir alguien que pasó siete años de su vida estudiando ingeniería?! Sin embargo, la rutina lo estaba asfixiando y, se podría decir ahora, deteniéndole el resto de sus capacidades.

Fue entonces cuando la idea surgió. Uno de esos días predecibles, sentado en la misma mesa, silla y haciendo lo mismo de siempre durante la hora de almuerzo –descripción que él mismo hace del antaño-, Medina, y su amigo y compañero de trabajo,  José Molinari, pensaron en la necesidad de “hacer algo” para pintar con nuevos colores su porvenir. ¿La respuesta? “¡Vamos a hacer waffles!”.

WAFFLES EN UNA MONTAÑA DE VERMONT

En el 2008, Medina, de 35 años, viajó a Connecticut para gestiones de trabajo, que le permitieron un tiempo libre para ir a esquiar a un área montañosa en Vermont. Cuando llegó el momento de la comida, el joven boricua se detuvo en una cabaña y probó unos waffles sin la mínima sospecha de que aquella torta se convertiría en su proyecto de vida.

“¡¿Cuándo vuelvo a comérmelo?!”, pensó.

En el 2010, Medina regresó al mismo lugar y comió nuevamente de los waffles. Un año después, llevó a su padre y amistades, entre ellos a Molinari, a comer el exquisito plato.

Los meses siguieron pasando hasta que llegó aquel rutinario día en el que los dos pensaron en hacer waffles para generar ingresos.

“En octubre de 2012… empezamos a hacer la receta en casa, en la cocina de casa con batidora de mano; salíamos de trabajar y nos íbamos a casa al laboratorio (cocina)… Y al otro día, los llevábamos a la oficina… nos llevábamos una maquinita de waffle chiquita y empezábamos a hacer en la hora coffee break… ‘Esto está brutal’ (decían quienes probaban la receta)”, recordó durante una entrevista en Latte que Latte, uno de los lugares donde se vende su producto.

La receta inicial la encontraron en Internet, pero cuando el par de ingenieros aceptó el reto buscaron la manera de hacer una masa diferente, “una receta única”.

De ahí surgieron las posibilidades: “Si pones esto en los malles… te vas a hacer rico”, le llegaron a decir.

La idea se escuchaba bien aunque luego pensaron en lo costoso que sería el alquiler del espacio y la contratación de empleados. Por ello, se concentraron en la elaboración y distribución del producto en negocios de Isabela y pueblos cercanos, Quebradillas, Aguadilla y Mayagüez, que visitaban luego de las horas de trabajo o los fines de semana.

“¿Qué tú crees que si en lo que montamos el quiosco le vendemos a este señor (comerciante de una cafetería), a ver qué sigue opinando la gente?”, pensaron.

Los waffles se empezaron a vender, a vender y a vender. ¡Había demanda!

“Desde el día uno ya teníamos buenas ventas… Todos los meses la producción aumentaba”, recuerda.

EL DESEMPLEO

Ambos incorporaron la empresa BeWaffled, Inc. en noviembre de 2012 mientras seguían trabajando. Todo parecía ir bien, pero Medina perdió su trabajo y se vio en la disyuntiva de seguir con el incipiente negocio o  aceptar las ofertas de empleo que de inmediato le llegaron para trabajar como ingeniero en Connecticut o, inclusive, en Honeywell, en Aguadilla.

“Lo que me sucedió en el trabajo y de la manera que sucedió, fue en verdad lo que me dio las ganas de seguir (con los waffles)”, dijo.

Y eligió. “Cogí la más difícil y la más atrevida”, admite.

Medina siempre había pensado en tener una empresa propia dentro del mundo de la ingeniería, relacionada con la instalación y servicio a sistemas de redes, “cuando estudiaba era eso lo que quería”, recordó.  Y así ocurrió, aunque con una inopinada diferencia: la empresa sería en la industria de alimentos.

El negocio arrancó con el entusiasmo de ambos, apoyado con el batallón de familiares que se han convertido en sus cómplices. “El apoyo que recibí desde el día 1 de toda mi familia, eso fue mucho, eso fue grande, y tengo un producto nuevo, y tengo las ganas de trabajarlo; mi familias está… 200 por ciento detrás de mí, no tengo nada para perder, si no lo hago, es por mí”, sostuvo Medina, al destacar que entre ellos tiene a su esposa, quien le ayuda con la contabilidad, así como a su padre y suegro.

Ahora, Medina no solo confecciona la masa de los waffles sino que él mismo los distribuye en más de 41 negocios en la Isla.

 

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En su nuevo proyecto de vida, pondría en práctica conocimientos de la ingeniaría, destaca. “Los procesos y la disciplina que creé en esos siete años (de estudio) me han ayudado grandemente”, dice.

Mientras rechazabas esas ofertas, ¿no dudabas de lo que estabas diciendo?

“En verdad no, es que yo siempre he sido así desde chiquito, todo lo que me propongo lo he logrado… eso es una buena cualidad que tengo y al crear un producto tan bueno”.

Medina sí está consciente de que tiene que trabajar duro para que el negocio crezca, principalmente, destaca, hay que saber mercadear el producto, “moverse, no es para vagos este trabajo… yo no puedo sentarme en mi fábrica a esperar que los clientes me lleguen”.

Lo que haces ahora es muy distinto a lo que hacías en la compañía en la que trabajabas…

Sí. Del cielo a la tierra.

Lo más cómodo era aceptar las ofertas…

“Sí, irme a Estados Unidos, el sueldo era el doble, era bien tentador con la economía como está… La decisión en ese momento era fácil…”. Además, explicó, algo lo sedujo: el reto.

¿Qué has tenido que sacrificar?

“La playa, y eso duele, la playa… la familia no la puedes sacrificar, eso no entra en la lista, si tu sacrificas la familia por el negocio ya hay un desbalance, tienes que tener ese balance desde el día uno”.

¿Tuviste miedo a fracasar?

“Pensamientos llegan, pero el miedo no lo tengo…”.

¿Qué pensaste cuando te quedaste solo?

“Pensé que se me iba a hacer más difícil, en vez de dos vendedores, uno solo… pero voy a mí… tengo que trabajar el doble, eso fue lo que pensé”.

Mientras Medina iba desarrollando su producto, enfrentando la salida de su socio –quien continuó en la ingeniería–, y el extenuante proceso burocrático que implica la creación de una empresa en la Isla, dice, el joven tomaba un nuevo aire cada vez que escuchaba afirmaciones que le confirmaban que lo que traía entre manos tenía potencial de crecimiento.

Hoy, la masa que confecciona en su fábrica en Isabela, con ingredientes hechos en Puerto Rico, a excepción de dos que importa, ya que no se producen en la Isla, se destaca por su sabor dulce, porque no tiene preservativos ni sabores artificiales y no necesita syrup. Aparte del sabor, Media destaca que sus waffles tienen dos texturas: panoso por dentro y crujiente por fuera.

“Hay que sudar la gota gorda, hay que moverse mucho, tienes que echar para un lado vaguería, tienes que levantarte todos los días tempranito…  buscar debajo de la piedras a quién le gusta tu waffle; todas esas oportunidades son las que te van a ayudar a crecer; no puedes esperar en la parada de la guagua, tienes que montarte en la primera que venga y seguirlo”, reflexiona.

 

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