Los médicos están para curar a la gente. Su objetivo es tratar de que sus pacientes superen enfermedades, seleccionar tratamientos adecuados, atajar cualquier tipo de complicación… Tienen que hacer todo lo que esté en sus manos para que los enfermos sanen. De lo contrario, ese médico sería por una parte un negligente y, por otra, un puñetero chupóptero fraudulento cabronazo que, a pesar de estar cobrando un salario (público o no), no estaría haciendo lo que se supone que debería estar haciendo a cambio de él.
Ahora apliquemos esto a los profesores: su objetivo es enseñar y transmitir una serie de conocimientos y destrezas a sus pupilos. ¿Pero qué es lo que pasa realmente? Porque desde luego hay motivos para no fiarse de ellos…

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