10 características de una clase que “funciona”


¿Quieres que tu aula sea un lugar “intelectualmente activo”? ¿Qué caracteriza a los entornos de aprendizaje progresivo? ¿Por qué son el modelo del siglo XXI para tantos? Terry Heick, en TeachThought, nos ofrece un resumen en 10 puntos sobre aquello que caracteriza a un entorno de enseñanza-aprendizaje efectivo.
escuela clase

  1. Estudiantes que hacen preguntas; buenas preguntas
    No decimos que esto sea consecuencia de un buen clima de aula, pero sí es crucial si hablamos de aprendizaje y, además, el papel de la curiosidad está infravalorado: aunque se ha estudiado, no lo hemos tratado con la suficiente y necesaria profundidad, ni lo apreciamos debidamente entre nuestros alumnos. Si una unidad temática provoca poca curiosidad, si las tareas no la generan, mal asunto… Muchos profesores obligan al alumnado a preguntar cosas, sobre todo al principio de las unidades didácticas y al final de las clases: no se trata de esto, en absoluto. Esta táctica no da resultado, es en vano y desalienta a ambas partes. Hay que enseñar a los niños y las niñas a hacer buenas preguntas.
  2. Las preguntas se valoran más que las respuestas
    Porque, sí, las preguntas son más importantes que las respuestas: las buenas preguntas conducen al aprendizaje. Tienen valor en sí mismas (lo cual no significa que las buenas respuestas no lo tengan, pero una buena pregunta revela indagación y, a menudo, una respuesta implícita y un proceso constructivo para hallar la incógnita). Es más: es muy recomendable que premies ese tipo de acontecimientos y los tengas en cuenta a la hora de poner la (muy sobrevalorada) calificación.

  3. Las ideas provienen de muchas fuentes
    Ideas para lecciones, para lecturas, para las pruebas objetivas, para los proyectos, para los trabajos… La fibra del aprendizaje del alumnado tiene que surgir desde muchas fuentes. Si todo viene de tí, mal: estás ayudando a matar la curiosidad, dándolo todo hecho. La comunidad educativa, los expertos (fuera del ámbito educativo; por ejemplo, físicos, lingüistas, etc.) o el propio alumnado son muy buenas fuentes: un gran cambio en la credibilidad de los contenidos y habilidades impartidos en el aula.

  4. Se usan una gran variedad de métodos didácticos y diferentes modelos de diseño de material
    Investigación, ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos), estudio de casos, eLearning, flipping classroom… Las posibilidades son infinitas. Ningún método satisface a todos los alumnos: hay que variar y adaptarse a la diversidad del aula. Esa diversidad, además, incide en tus capacidades y habilidades docentes.

  5. Aulas inmersas en el “mundo real”, en la comunidad
    No tiene sentido que el aprendizaje ocurrido en el aula no trascienda al mundo, y que el mundo no llegue al aula. Hay que combinar todo: entorno digital y entorno físico, libros, murales, TIC, trabajos manuales… Todo en uno.

 6. Personalizamos el aprendizaje sirviéndonos de varios criterios

Esta personalización es, posiblemente, el futuro. Por ahora, la responsabilidad de el estudiante sobre su propio aprendizaje, sobre su “enrutamiento”, es limitada y parece caer sobre los docentes. Esto hace de la planificación individualizada un desafío; las guías a tomar para hacerlo “a medida” deberían reunir diferentes tipos de criterios: no sólo los resultados académicos o el nivel de competencia lingüística, por ejemplo, sino también las preferencias de trabajo, disposición hacia diferentes contenidos, intereses, etc.

  1. Evaluación transparente, auténtica, no punitiva.
    La evaluación es un intento de saber lo que alguien entiende. Lo más frecuente es separar a “buenos alumnos” de “malos alumnos” en función de calificaciones. Para empezar, podríamos dudar de lo adecuado de los métodos de evaluación utilizados, del análisis del aprendizaje… pero lo central es que la evaluación debe ayudarles a mejorar: de ahí la importancia de la retroalimentación
  • Los criterios de éxito son equilibrados y el alumnado los conoce
    Los alumnos no deberían tener que adivinar qué significa para nosotros el “éxito”. Tampoco debería ponderarse totalmente sobre la participación, los resultados de las pruebas objetivas y los factores individuales de predisposición, actitud y comportamiento. ¿Tienes un marco coherente para definir el éxito? Hazlo y comunícalo a tus alumnos.

  • Hábitos de aprendizaje en constante modelado
    Curiosidad, persistencia, flexibilidad, creatividad, colaboración, retroalimentación, fijar prioridades y metas… Lo que a menudo aprendemos sobre todo aquello que nos rodea es menos didáctico y más observacional, más indirecto.

  • Hay oportunidades para la práctica
    Revisamos los conocimientos y pensamientos “antiguos” de nuestro alumnado y los propios, reflejamos los viejos errores, abordamos de nuevo las ideas complejas, repensamos las ideas clave desde diferentes ángulos y contrastamos los conceptos divergentes. Viajamos, ascendemos y descendemos dentro de la Taxonomía Bloom para maximizar las oportunidades del estudiante de comprender, aprender y demostrar.

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