Inteligencia Limite o “Borderline” = Fronterizo


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Con un coeficiente intelectual entre 70 y 85, las personas con Capacidad de Inteligencia Límite o “Borderline”, se enfrentan diariamente a la incomprensión de una sociedad que ni reconoce su discapacidad ni les trata como iguales. Durante la infancia, pasan inadvertidos al considerarlos niños retraídos o vagos, pero es en la adolescencia cuando se empieza a observar una marcada diferencia entre su edad mental y cronológica. Sin medidas que lo solucionen, quedan ubicados en tierra de nadie.

“Vivo en Madrid en un piso con dos personas más, tengo 41 años, trabajo como ordenanza y me gusta mucho el fútbol.” 

Este podría ser el perfil de cualquier persona, pero Luis Vallejo ha tenido que superar muchos obstáculos para conseguir la situación que ahora disfruta. Considerado como persona con Capacidad de Inteligencia Límite, ha visto como en muchas ocasiones no se le valoraba lo suficiente o no podía acceder a las mismas oportunidades que los demás. Gracias al apoyo incondicional de su familia y a los programas que desarrolla la Asociación de Atención de Personas con Discapacidad Intelectual Ligera e Inteligencia Límite, ADISLI (Adisli.org), hoy vive en un piso tutelado y puede ganarse un sueldo digno.

En España, la incidencia de la Capacidad de Inteligencia Límite oscila entre el 1 y el 1,5 por ciento de la población, entre 400.000 y 600.000 personas. Se trata de un sector social que presenta una discapacidad invisible para la gran mayoría y que ni siquiera está reconocida oficialmente como tal. El problema al que se enfrentan estas personas es que su capacidad mental no está en plenitud, pero tampoco alcanzan los índices establecidos para considerarlos beneficiarios de medidas de discriminación positiva por motivo de discapacidad. Por tanto, ellos y sus familias se sienten olvidados, desprotegidos y carentes de respuestas para paliar sus necesidades.

La condición empírica que define la CIL es la detección de un cociente intelectual comprendido entre 70 y 85 en la valoración del nivel de inteligencia. Esto se traduce en múltiples deficiencias en el aprendizaje, el lenguaje, el autogobierno y las habilidades sociales, aunque se refleja de forma diferente en cada caso. Luis, por ejemplo, es organizado, eficiente y dicharachero. Las tareas laborales que desempeña en la asociación son atender llamadas telefónicas, recibir a las visitas y trasladar paquetes, que habitualmente realiza en autobús.

Hay que destacar las características positivas de estas personas, ya que cuando aprenden una operación o actividad son capaces de repetirla constantemente de forma correcta. Además, tienen un nivel de memoria intermedio, son exigentes con los horarios, se muestran responsables con las tareas que se les asignan, tienen aptitud para orientarse en la ciudad y desplazarse en el transporte público. Independizarse ha resultado ser un paso trascendental para Luis porque en el piso tutelado comparte con sus compañeros muchas vivencias: “Fregamos los platos, recogemos nuestra habitación y hasta nos han enseñado a hacer postres”.

La Asociación ADISLI trabaja para mejorar la calidad de vida de estas personas y la de sus familias, promoviendo todo tipo de actuaciones encaminadas a favorecer su desarrollo vital y ofreciendo los apoyos que les permiten desarrollar al máximo sus capacidades para alcanzar un buen nivel de autonomía. En ese sentido, gestionan dos servicios consolidados: orientación y apoyo a las familias para conseguir que la persona con CIL se sienta querida y valorada y, por otra parte, el Servicio de Atención Psicosocial, con un área de prevención donde se desarrollan diferentes talleres de desarrollo personal como, por ejemplo, de habilidades sociales, de educación afectivo sexual o autocontrol emocional. Un área completa del programa es la dedicada a la  intervención de recursos específicamente diseñados para quienes presentan problemas de conducta asociados a la discapacidad.

Otro aspecto fundamental es el tiempo dedicado a descansar y divertirse, sobre todo si se comparte con personas afines. Por eso, ADISLI ofrece una oferta de ocio normalizada: a los jóvenes les gusta ir al cine, la bolera, la discoteca, salir los fines de semana e irse de vacaciones y los adultos prefieren cenar y trasnochar. ADISLI intenta proporcionar el marco y los apoyos adecuados para que se realicen estas actividades y compartan momentos de distensión y comunicación interpersonal adecuados a sus características, sus intereses y su entorno.

En los últimos años han puesto en marcha dos proyectos innovadores para abordar ámbitos muy importantes en el desarrollo vital de la persona: el laboral y el de la vivienda. De hecho, gestionan un Proyecto de Integración Sociolaboral para Personas con Inteligencia Límite y Necesidades de Apoyo Intermitente de la Comunidad de Madrid, cofinanciado por el Fondo Social Europeo, con la finalidad de ofrecer la formación sociolaboral que les permita incorporarse al mercado de trabajo con mayor garantía de éxito. La necesidad de potenciar la autonomía personal de estas personas animó a ADISLI a abrir un piso supervisado, gracias al apoyo de la Fundación Vodafone España y de la Fundación RENFE. 

La opinión del experto
La preocupación de los padres por la situación de un hijo que no rinde en los estudios, se muestra retraído, a los 10 años no comprende conceptos abstractos o económicos y no consigue interactuar con los demás, provoca, obviamente, que se pongan en contacto con especialistas para investigar qué le está sucediendo. El neuropediatra y psicólogo Joseph Artigas analiza en la clínica Psyncron de Cataluña los trastornos del aprendizaje y el comportamiento. “En la mayoría de los casos las dificultades de estos niños no han sido detectadas en el colegio porque pasan desapercibidos -apunta Artigas-. Lo único que se sabe es que no funcionan al mismo ritmo que los demás y el error más generalizado es pensar que son vagos, que están desmotivados o que la culpa es de los padres porque no se preocupan lo suficiente”.

Algo en lo que incide este pediatra es que estos niños no tienen por qué ser menos inteligentes que el resto, lo que sucede es que, a menudo, presentan trastornos del lenguaje, dislexia, dificultad en el aprendizaje de la lectura o escritura, o un trastorno de déficit de atención o hiperactividad. “Al crecer con ese problema desarrollan menos capacidades que sus compañeros y, como consecuencia, cuando se les hace un test de inteligencia puntúan más bajo en alguna de las pruebas y esto da lugar a que el resultado del cociente esté en la franja considerada límite”. Si desde pequeños se les estimulase adecuadamente, apunta Artigas, estos niños superarían muchas de sus limitaciones.

En tierra de nadie
Actualmente, las personas con Inteligencia Límite no pueden acceder al certificado oficial de discapacidad ni beneficiarse de las medidas que esto implica, ya que el índice que resulta de sus pruebas intelectuales no se ajusta a lo establecido. El responsable de calidad de la Federación de Organizaciones en favor de Personas con Discapacidad Intelectual (FEAPS), Javier Tamarit, explica: “hay que tratar a cada persona con CIL de forma individual, pero también son imprescindibles medidas sociales para proveer apoyos desde la sociedad en su conjunto e investigar necesidades”. A algunas de estas personas se les insertó en asociaciones como FEAPS o de apoyo a personas con autismo y a través de ellas se han incorporado a centros ocupacionales o empresas, pero pocos han tenido esa suerte.

Afirma Tamarit: “ellos no tienen las mismas necesidades de apoyo que una persona con discapacidad intelectual porque pueden desenvolverse mejor y adquirir muchas más capacidades o habilidades que nuestros asociados”. Sin embargo, comenta que las metodologías de planificación más acertadas para este sector social son las centradas en el individuo donde el equipo que genera el plan de apoyo se compone de una o varias personas de su entorno y un profesional de la asociación que le orienta y actúa como facilitador: “Lo importante -sostiene Tamarit- es que la persona con CIL y el círculo de apoyo consensúen las actividades y los momentos en los que va a necesitar ayuda”.
La solución a los problemas de incomprensión a los que se enfrenta cada día este grupo de personas debería asumirse desde un ámbito político general. “Tendrían que entender los derechos que, como ciudadanos, pertenecen a estas personas, darles los apoyos que requieren, reconocer su existencia y sacarles de esa tierra de nadie en la que viven”.

Integración consolidada
Marta no obtuvo el mismo título que sus compañeros al finalizar la etapa educativa normalizada porque su Capacidad de Inteligencia Límite no le había permitido alcanzarlo. Tras unos años en una escuela recibiendo formación profesional adaptada, sus padres se plantearon su futuro en el ámbito laboral. Su padre, Juan González, recuerda que su primera idea fue recurrir al jefe de personal del sitio donde él trabajaba, que era la Administración pública, pero no supieron responderle nada concreto.

En 1995 Juan y tres compañeros más, que se solidarizaron con él, decidieron crear la asociación catalana Nabiu y dos años después empezaron a trabajar intensamente en la inserción laboral de personas con CIL. “Nuestra meta era la búsqueda de trabajo en la Administración Pública, en la que los socios son los propios funcionarios y los beneficiarios son las personas con capacidad intelectual limitada”. Y explica: “Establecimos una relación muy buena con la función pública, específicamente con la Generalitat de Cataluña, y en noviembre de 1997 se realizan las primeras contrataciones temporales dentro de la Administración pública mediante convenios”.

Estos convenios, vigentes sólo en la comunidad, se van renovando periódicamente hasta 2004, momento en el que la Administración convoca unas pruebas de acceso laboral para que los miembros de este grupo social compitan entre ellos en igualdad de condiciones. “Ahora hay 46 personas fijas en esta comunidad y existe, también, un remanente de contratos temporales de 32 más, todos bajo la modalidad de empleo con apoyo”.

Juan recuerda que en la etapa educativa la familia estaba volcada en Marta, porque necesitaba numerosas ayudas. “Ahora, sin embargo, trabajar como ordenanza para ella es un beneficio espiritual, moral, psíquico y personal, que le ha ayudado mucho a tener una cierta autonomía”.

Finalmente, Nabiu tiene una segunda línea de trabajo que es la investigación científica de esta discapacidad y, para ello, han editado libros como un manual de buenas prácticas, una guía para directivos de Recursos Humanos, una investigación antropológica de las personas CIL, entre otras.

Experiencia externa
La fundación APROCOR (Fundacionaprocor.com) trabaja con personas con discapacidad intelectual y Capacidad de Inteligencia Límite, proporcionándoles los servicios necesarios para desarrollarse laboral y personalmente. En este momento, han empezado a ejecutar un programa de integración laboral externa, subvencionado por la comunidad de Madrid a través de Fondos Europeos, llamado Servicio Integral de Atención Sociolaboral para personas con Capacidades Diferentes.

Almudena Hoyos, coordinadora de esta iniciativa, comenta que “Habrá, en principio, veinticuatro destinatarios, doce con discapacidad intelectual leve y doce con CIL, se incorporarán como auxiliares administrativos y se gestionarán en la modalidad de empleo con apoyo”.

La Fundación ha comenzado el proyecto con la captación de candidatos, el estudio del mercado laboral, y la elaboración de la formación, pero las personas que van a participar no llegarán hasta enero de 2008. 
“La formación se centra en auxiliar de oficina, fijándonos en el perfil de subalternos de notarías porque nos lo demandan los colegios notariales.”
            
Sobre la Inteligencia Límite: Responde Javier Tamarit 
¿Cuáles son las causas físicas que provocan la Inteligencia límite? Podemos encontrar personas que por su funcionamiento intelectual entren dentro de la categoría límite y, sin embargo, el origen de sus limitaciones venga de un Trastorno Generalizado del Desarrollo de alto nivel. En otros casos puede ser la consecuencia de problemas en el parto, de alguna infección en los primeros años de vida o de un síndrome genético o hereditario. Es decir, las posibilidades que hacen que la inteligencia esté en una franja que denominamos límite son diversas.

¿Cómo se detecta que una persona tiene inteligencia límite? Estas personas pasan inadvertidas porque se les considera distraídas, introvertidas, con problemas para relacionarse, comportarse o aprender. Esa invisibilidad hace que hasta la adolescencia no se perciba y se descubra que el motivo es un cociente intelectual límite.

¿En qué tipo de actividades tienen más dificultades estas personas? La clave sería pensar en singular, en cada persona porque Juan puede necesitar más apoyo en actividades de la vida diaria para manejarse en la cocina y hacer la compra de manera adecuada y en otra persona pueden ser necesidades derivadas de la comprensión de las relaciones interpersonales, por ejemplo. Habría que estar atentos a todas las áreas que son importantes para la vida como son el bienestar personal, la integración en la sociedad y la independencia propia. 

Cuando hablamos de inteligencia límite no se alude tampoco a un perfil intelectual homogéneo porque la inteligencia es un constructo que tiene muchas partes y la limitación depende, básicamente, de la zona afectada.

Fuente: Cermi.es, Septiembre 2007. 
Versión abreviada.

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