Qué significa tener un hermano con autismo
«Él tiene la capacidad de hacer que todos a su alrededor sean felices … Él me hace una mejor persona, … Continúa leyendo Qué significa tener un hermano con autismo
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El concepto de Espectro Autista tiene su origen en un estudio realizado por Lorna Wing y Judith Gould en 1979. … Continúa leyendo HISTORIA DE LOS TRASTORNOS DEL ESPECTRO DEL AUTISMO
Signos de alarma del Sindrome de Asperger, también conocido como el trastorno invisible por lo que habitualmente se tarda en … Continúa leyendo Detección Temprana del Síndrome de Asperger. Signos de alarma.
Un extracto de la Revista Amérika Indigo, nº3, Noviembre de 2003, afirma lo siguiente :
» Los niños Cristal o pacificadores pueden ser erróneamente diagnosticados como ; enfermedad de Asperger ( una forma templada de autismo común en los EE.UU dentro de la profesión de programadores, informáticos, ingenieros de sistemas). Autismo ; ser
percibidos por los demás como un niño desconectado…..»

Continúa leyendo «Los niños Cristal, un fraude disfrazado de misticismo – Asperger»
Los trastornos generalizados del desarrollo se clasifican, de acuerdo al DSM IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de Clasificación de los … Continúa leyendo TGD y TEA
Principales dificultades que pueden darse en la vida adulta /S. Asperger -Dificultades de relación social, problemas para tener amigos o profundizar … Continúa leyendo Principales dificultades que pueden darse en la vida adulta /S. Asperger
PEAPO PROGRAMA DE ESTRUCTURACIÓN AMBIENTAL POR ORDENADOR PARA PERSONAS CON TRASTORNOS DEL ESPECTRO AUTISTA: PEAPO es un programa informático específicamente … Continúa leyendo PROGRAMA DE ESTRUCTURACIÓN AMBIENTAL POR ORDENADOR PARA PERSONAS CON TRASTORNOS DEL ESPECTRO AUTISTA
Método TEACCH El Método Teacch establece unas pautas de trabajo muy recomendables en el tratamiento con los autistas, ya que … Continúa leyendo El Método Teacch establece unas pautas de trabajo muy recomendables en el tratamiento con los autistas
Según el sitio web «HelpGuide.org», el síndrome de Asperger es un trastorno del espectro autista. Aunque se desconoce la causa del autismo, el sitio «KidsHealth.org» indica que afecta el funcionamiento del cerebro. El síndrome de Asperger viene con desafíos que pueden afectar a diferentes niños de diferentes maneras, y una de las áreas del cerebro que puede verse obstaculizada es el área que controla las habilidades motoras finas.

De acuerdo con un estudio publicado en una revista de la Academia Americana de Neurología en noviembre de 2009, se encontró que los niños con autismo tienen una escritura más escasa comparada comparada con la de los niños no autistas. Aunque la alineación y el espaciado de las letras eran normales, los niños con autismo generalmente tenían más difícultades para formar algunas letras correctamente. A pesar de que un niño con Asperger suele tener un alto funcionamiento dentro del espectro autista, aún podría tener problemas para aprender a escribir. Esta dificultad se agrava si también experimenta insuficientes habilidades de comunicación.
Continúa leyendo «Los efectos del síndrome de Asperger sobre la motricidad fina»

El IDEA, es sin duda, uno de los mejores inventarios para evaluar a niños autistas. Fue ideado porÁngel Riviere.
Su aplicación se efectua cuando hay sospechas evidentes de la presencia de un Trastorno del espectro autista (TEA).
Su interés radica en que nos ofrece 3 utilidades principales:
a) Establecer al inicio y dentro del proceso diagnóstico, la severidad de los rasgos autistas que presenta la persona. Es decir, su nivel exacto dentro de cada una de las dimensiones descritas.
b) Ayudar a formular objetivos de intervención generales y específicos para cada niño o persona que sufra el trastorno en función de las puntuaciones que obtenga en cada nivel.
c) Nos permite efectuar una medida de los cambios a medio y largo plazo que pueden producirse por el efecto de la intervención o tratamiento. De esta forma podemos valorar su eficacia y la conveniencia de modificarla.
Desarrollado en 1.997 a partir de la conocida triada de Wing (1.988), el autor describe doce dimensiones del desarrollo que consideraba siempre alteradas en los TEA:
Continúa leyendo «Inventario espectro autista IDEA (Ángel Rivière)»

El autismo fue identificado por primera vez como un síndrome específico por el doctor Leo Kanner en 1.943 (Universidad John Hopkins). Kanner identificó a un grupo de 11 niños que diferían cualitativamente de otras poblaciones clínicas, pero como grupo, ofrecían una serie de peculiaridades conductuales que les hacían extraordinariamente parecidos. Dichas características incluían la incapacidad para desarrollar interacciones con las demás personas (aislamiento autista), el retraso en la adquisición del lenguaje, la naturaleza no comunicativa del habla (si ésta se desarrollaba), ecolalias, actividades de juego repetitivas y estereotipadas, poca tolerancia a los cambios del entorno y poca imaginación.
Hoy sabemos que el autismo puede presentar una variabilidad en el nivel de afectación de cada uno de sus rasgos distintivos, por lo tanto, no estamos delante de un patrón homogéneo e inalterable sino ante diferentes manifestaciones de un mismo problema base (ver inventario IDEA). Ello hace que el diagnóstico de autismo sea complejo y deban tomarse en consideración tanto criterios clínicos como neurofisiológicos y bioquímicos.
Kanner, en su primera descripción, definía al autismo como un trastorno innato. En la actualidad se asume que es un trastorno con un componente genético o hereditario importante. Pese a ello, todavía no se ha descubierto en qué punto del genoma humano se esconden sus marcadores. Diversos estudios demuestran una clara conexión entre autismo y Síndrome de X Frágil, del cual sí hemos identificado su marcador genético (expansión excesiva del C.G.C. en el gen FMR1 de un cromosoma X).
Lamentablemente, las causas exactas del autismo siguen siendo desconocidas; sin embargo, la investigación científica puede acercarnos, en un futuro no muy lejano, a este descubrimiento.
El autismo ocurre aproximadamente en 15 de cada 10.000 nacimientos y es 4 veces más común en niños que en niñas. Además puede observarse en familias pertenecientes a todos los estratos socio-culturales.

En general, los niños con T.G.D. comparten muchos de los síntomas de disfunción social y comunicativa que presentan los del Trastorno Autista. No hay una única terapia que funcione bien para todos los niños. La mayoría de profesionales y familias utilizan un conjunto de métodos que incluyen la modificación de conducta, educación estructurada, medicación de algún tipo, etc… En conjunto todas estas técnicas van encaminadas a minimizar el impacto de los comportamientos negativos que interfieren en el aprendizaje del niño, al tiempo que procuran estimular las conductas más normalizadas.
En general podemos afirmar que, el tratamiento o la intervención en los T.G.D. debe hacerse en función de los síntomas y características de cada persona y no en función del diagnóstico en sí mismo. Hemos explicado en la evaluación de los T.G.D la diversidad de manifestaciones y la singularidad de cada caso, planteando la necesidad del enfoque de caso único.
En este tipo de trastornos creemos imprescindible la implicación activa del terapeuta en el proceso evaluativo, de intervención y seguimiento. Para ello, hay que desplegar todas las capacidades necesarias para poder entrar en un mundo que es aún muy desconocido. Si logramos entender el peculiar funcionamiento del niño lograremos intervenir con mayor éxito. Muchos de estos niños, a falta del canal comunicativo eficaz, suelen expresar sus demandas de forma desadaptada (lloros, rabietas, desobediencia, conductas agresivas, etc…). Es, sencillamente, como han aprendido a funcionar a falta de otros recursos. Piense en la conducta como un mensaje que tiene que ser descodificado. La frustración que genera el no poder comunicar necesidades o estados de ánimo (miedo, ansiedad, confusión…) está muy presente en muchos de estos niños que, desde fuera, se ven simplemente como niños «maleducados», «enfermos» o «problemáticos».
A medida que aprendemos a anticipar ciertos estados o situaciones del niño, las conductas pueden mejorar. No negaremos que, con frecuencia, estas conductas pueden ser el resultado de una mezcla entre una demanda que hay que interpretar pero también el fruto de unos malos hábitos aprendidos. Algunos padres suelen desarrollar conductas demasiado permisivas y tolerantes asumiendo el rol de «niño enfermo» consintiéndole demasiadas cosas o no distinguiendo bien lo que es consecuencia directa de su enfermedad o de su capricho.
Una vez establecidos estas pautas de conductas desadaptadas (agresividad, desobediencia, conductas imprevisibles, etc.), será más difícil erradicarlas a medida que el niño o niña se hace mayor.
Con demasiada frecuencia, la familia sufre excesivamente y como parte de esta situación desagradable se crean y mantienen nuevos sistemas de relación familiar. La familia busca su propio equilibrio y en esta necesidad surgen autolimitaciones en su vida cotidiana. Algunas familias, ante las conductas disruptivas, agresivas o desadaptadas pueden renunciar a ciertas salidas o visitas a lugares o personas conocidas con tal de evitarse males mayores. Las relaciones con los hijos pueden derivar a una relación coercitiva en la que el niño ejerce de verdadero tirano contra sus padres si no se han sabido poner los límites a tiempo. La presencia de una diagnosis clínica, de un trastorno psicológico, por muy severo que sea, no debe ponernos trabas a la hora de intervenir a nivel psicológico, si con ello logramos minimizar o normalizar tales conductas.
El mensaje positivo que cabe lanzar es que cada niño dentro de los T.G.D. tiene su propio y peculiar potencial de aprendizaje. Es el deber de los diferentes profesionales el encontrarlo para llevarlo al máximo de su nivel de funcionamiento en todos los ámbitos.

La evaluación de los niños con T.G.D. deberá efectuarse desde un enfoque multidisciplinar. En primer lugar la evaluación médica y neurológica debe aportar una historia detallada desde el nacimiento, su desarrollo, exámenes o pruebas físicas y neurológicas. En algunos casos será necesaria la realización de estudios del cariotipo para detectar posibles anomalías cromosómicas como el Síndrome X Frágil.
Otras pruebas complementarias (Electroencefalograma, escáner cerebral, resonancia, etc..) pueden ser necesarios, a criterio médico, ya que el trastorno puede cursar con convulsiones, crisis epilépticas u otros síntomas a nivel orgánico. En esta página trataremos básicamente de la evaluación en el terreno psicológico.

Se trata de un conjunto de trastornos caracterizados por retrasos y alteraciones cualitativas en el desarrollo de las áreas sociales, cognitivas y de comunicación, así como un repertorio repetitivo, estereotipado y restrictivo de conductas, intereses y actividades. En la mayoría de casos, el desarrollo es atípico o anormal, desde las primeras edades siendo su evolución crónica. Sólo en contadas ocasiones las anomalías se presentan después de los cinco años de edad.
Los T.G.D. comprenden un amplio conjunto de trastornos. Algunas clasificaciones diagnósticas como el C.I.E.-10 (Clasificación multiaxial de los Trastornos psiquiátricos en niños y adolescentes) intentan poner cierto orden y permiten el diagnostico diferencial dentro de los T.G.D. en función de la discriminación de los diferentes síntomas. A saber distingue entre: Autismo Infantil , Autismo atípico, Síndrome de Rett, Otros trastornos desintegrativos de la Infancia, Trastorno Hipercinético con retraso mental y movimientos estereotipados, Síndrome de Asperger, Otros Trastornos Generalizados del desarrollo y Trastorno generalizado del desarrollo sin especificar.
Los T.G.D. constituyen, pues, a pesar de los intentos de clasificarlos debidamente, un panorama muy heterogéneo y en el que el Autismo tiene un papel protagonista dadas sus peculiaridades y características. De hecho T.G.D. y Autismo se utilizan en la práctica de forma sinónima, si bien, hay que insistir en que el Autismo está integrado dentro de los T.G.D.
Algunas hipótesis avalan la existencia de «un espectro sobre las manifestaciones clínicas del Autismo» que abarcarían desde los casos más severamente afectados y acompañados de una deficiencia mental severa o profunda, a cuadros donde la deficiencia mental sería ligera o moderada, a otros, con una inteligencia límite o normal. La conducta en estos pacientes también se mostrará en diferentes grados pero siempre vinculada a la alteración en la capacidad para establecer relaciones sociales, a la ausencia de empatía y el desarrollo de un repertorio conductual estereotipado y limitado sólo a ciertas áreas de su interés.
Es por ello que, actualmente, va cobrando mayor uso la denominación de T.E.A. (Trastornos del espectro autista) para referirnos a este conjunto de trastornos que comparte una sintomatología nuclear común.
Otros aspectos clínicos destacables que se solapan en distintos niveles son los que hacen referencia a la coordinación motriz, hipotonicidad, alteraciones de la percepción y déficits atencionales.
Es importante destacar que dentro de los T.G.D. podemos distinguir aquellos que cursan con cuadros antes de los tres años de edad y que forman parte del Autismo típico, de aquellos que tras un curso evolutivo «normal» de inicio desarrollan los síntomas a partir de los tres años (comprenderían las formas atípicas).
No se ha podido verificar su mayor ocurrencia dentro de ningún estrato social determinado ni en ninguna cultura en particular. Sí es conocida su mayor incidencia en varones (3-4/1), si bien parece que cuando se registra en mujeres suele cursar con una sintomatología más severa.
Respecto a la prevalencia se establece alrededor de 4 a 7 de cada 10.000 niños aproximadamente.