No soy tonto, soy disléxico


José Manuel Arca envia el siguiente escrito a El Periódico (17-11-2014), poniendo de relieve la dificultad que tienen muchos padres con hijos disléxicos a la hora de encontrar centros educativos sensibles a las dificultades del aprendizaje, así como la elevada influencia que tienen determinadas actitudes en la autoestima del niño:

“Conversación con un niño de cuarto de Primaria, de poco más de nueve años. «Papá ¿soy tonto?». No, Luis. ¿Cómo dices eso? «Es que la profe me deja castigado en clase haciendo caligrafía en todos los recreos». No, Luis. Simplemente no puedes leer y escribir como los demás. «Pero papá, es que en caste me descuenta dos puntos porque hago muchas faltas en el dictado y me suspende…», Que no, solo es que no puedes escribir como los demás. «Pues me hace repetir todas las faltas cinco veces cada una…». No, así no aprendes más. «Pero papá, en mates me ponen ceros en las divis y las multis porque siempre me salto algún número». Simplemente es que no tienes la misma capacidad de diferenciar números y letras que los demás.

«Papá, cuando salgo a leer, hay niños que se ríen de mí». No te preocupes, tú sigue trabajando, aunque los demás se rían de ti porque pueden leer mejor que tú. «Pero papá, la profe me saca de la clase y me pone a leer con otro nene como yo. Yo lo intento, pero me cuesta…» No, no debe sacarte de clase. Eres como los demás. Solo que no puedes leer como ellos. «Papá, me suspende en lectura». No te preocupes. Estamos buscando algún cole en el que entiendan tu problemática y estén preparados para ella. «Pero papá, el otro día, cuando fuimos a mirar un nuevo cole, el señor que nos atendió habló de nosotros como ‘estos niños raritos’». No, Luis. No sois niños raritos. No puedes leer y escribir como los demás pueden, y como enseñan en el cole, pero no eres rarito. «Papá, yo atiendo en clase, hago los deberes y me esfuerzo». Ya lo sé, Luis. «Entonces, por qué he suspendido cinco?».

La incompetencia de diferentes profesionales de la enseñanza y la ambigüedad del sistema con respecto a esta problemática nos ha llevado a matricular a Luis en un colegio fuera del barrio, después de una larga y ardua búsqueda de un centro que, por lo menos, la entendiera y la tuviera en cuenta. «Pero papá ¿soy tonto?». Que no, Luis, que no eres tonto. Simplemente eres disléxico.”

Fuente: El Periódico

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