Contar no significa saber cálculo matemático, ni menos los números.


Muchas de las dificultades en el aprendizaje de las matemáticas tienen su causa en una carencia o debilidad en la adquisición del concepto de número. Algo que a simple vista parece tan simple, como la adquisición del concepto de número,  en realidad no lo es. 


Los padres y madres con frecuencia se asombran de ver cómo a edades tempranas sus hijos “cuentan”. Sin embargo es importante saber que en general lo que hacen los niños pequeños  no se puede considerar “contar”, lo que hacen es  recitar la serie numérica. 


 Las palabras uno, dos, tres son para ellos nombres de elementos como Juan, María, Susana… Pedro. Por tanto cuando les preguntamos cuántos hay, el niño dice la cantidad hasta Pedro. El nombre Pedro representa al último individuo en la serie y no al grupo entero. El número no se conoce de forma innata, sino que lleva varios años construirlo. (Kamii, 1982)

Piaget postula dos tipos de conocimiento: por un lado el conocimiento físico y por otro el conocimiento lógico -matemático. El conocimiento físico se refiere al conocimiento de los objetos en la realidad externa y se conocen a través de la observación (color, peso, etc.) En cambio cuando se nos presentan dos objetos, uno rojo y otro amarillo y nos damos cuenta de que son diferentes estamos estableciendo el conocimiento lógico-matemático. Los objetos son observables, pero su diferencia no, la diferencia entre los objetos es una relación mental creada por el niño. Existen, según Piaget fuentes de conocimiento internas y externas. El conocimiento físico es externo, mientras que el conocimiento lógico-matemático es interno.

La abstracción del color de los objetos es muy diferente a la abstracción del número. A la abstracción de propiedades a partir de los objetos Piaget llama abstracción empírica o simple, mientras que a la abstracción del número la llama abstracción reflexiva o constructiva. La abstracción reflexiva implica la construcción de relaciones entre los objetos. Sin embargo en la realidad psicológica de un niño, una no puede darse sin la otra.

Durante los primeros años de vida, el niño necesita adquirir el conocimiento físico de los objetos a través de la observación, para construir relaciones lógico-matemáticas. Por ésto es de suma importancia que el niño pequeño, tenga la posibilidad de explorar las propiedades de los objetos para poder establecer similitudes y diferencias y desarrollar el pensamiento lógico-matemático y el concepto de número. Brindar a los niños pequeños la oportunidad de  explorar el entorno es importante para el desarrollo de su pensamiento y sus habilidades lógico-matemáticas.

Muchas de las dificultades en matemática que encontramos en la edad escolar tienen su origen en los primeros años, si no fueron brindadas las posibilidades de conocer y reflexionar en torno a los objetos de su entorno a través de la acción. 

Intervención en dificultades de aprendizaje de las matemáticas. (DAM)


Teniendo en cuenta que el concepto de número no es algo que se conozca por intuición de forma innata o por observación empírica, sino que lleva varios años construirlo;  es importante tener cautela al establecer algunos diagnósticos como el de “Discalculia”.

Si en los primeros años del niño no estuvieron dadas las condiciones ambientales para que logre construir determinados conceptos, existirá un vacío en sus estructuras mentales sobre las que no se podrán construir algunos conocimientos escolares, tales como la resolución de problemas matemáticos, el cálculo mental, la realización de algoritmos (operaciones) o el aprendizaje de las tablas de multiplicar. La intervención debe partir entonces de un diagnóstico minucioso para identificar el origen de las dificultades y en qué medida están afectadas las habilidades necesarias para desenvolverse con autonomía.

La autonomía intelectual, es uno de los principales objetivos de la intervención e implica evitar que los niños digan cosas en la que realmente no creen o que no logran comprender. Recitar las tablas de multiplicar porque les dijimos que las digan, no es lo mismo que estén convencidos de lo que están recitando porque comprenden el concepto de multiplicación. 

Kamii (1982) remarca la relación estrecha que existe entre la autonomía y el éxito escolar. La autora opina además que el sistema de calificaciones escolares, atenta contra la autonomía de pensamiento. 

La falta de autonomía generada por el sistema de calificaciones escolares,  empeora  la situación de los niños con dificultades de aprendizaje. Por este motivo, en la intervención psicopedagógica no se utiliza ningún sistema de calificación aunque sí, en algunos casos,  sistema de reforzamiento de conductas. 

Actividades para desarrollar el concepto de número. 





El juego del escondite:

  • Se toman seis palitos de helado y luego de mostrarselos al niño se esconden debajo de la mesa. Luego se sacan cuatro con una mano y se pregunta ¿Cuántos quedan debajo de la mesa? Se puede aumentar el número de palitos hasta llegar a diez. La repetición de esta actividad con 10 elementos, favorecerá el cálculo mental y la memorización de combinaciones que forman el número 10.

Juego de la adivinanza: 

  • Se saca una carta de 10 cartas numeradas del 1 al 10, el niño deberá adivinar de qué carta se trata. Se responderá a la adivinanza diciendo es más, es menos, es dos números más, es tres números menos, etc. Se puede ir aumentando la cantidad de cartas para complejizar el juego. 

No queda ninguna:

  • Se utilizan bandejas, fichas y un dado. Las fichas se pueden reemplazar por autitos, bolitas o imágenes de frutas, para que el juego sea más atractivo. Se comienza con 20 piezas en cada bandeja y los jugadores tiran por turno el dado sacando el número de piezas de la bandeja que el dado indique. Gana el que vacíe antes su bandeja. Para complejizar se puede aumentar el número de elementos en cada bandeja o utilizar dos dados para que se incluya la adición.

El cerezo:

  • Se necesita un árbol de papel pegado sobre una pizarra imantada; cerezas o manzanas imantadas; una ruleta con los números 1, 2, 3 y 4.  Se colocan todas las cerezas en el árbol (la cantidad depende de la edad y dificultad del niño); luego se gira la flecha de la ruleta y el jugador quita del árbol tantas cerezas como indique la ruleta. Gana el jugador que recoge más cerezas.

Concentración:

  • Es igual al Memory, con la diferencia de que se utilizan cartas. Se colocan en filas y columnas boca abajo y los jugadores deben encontrar pares de números iguales dando vuelta dos cartas. El jugador que  encuentra el par se lo lleva, de lo contrario debe colocarlas en el mismo lugar que estaban y recordar dónde las dejó para la próxima jugada.

Fuente: Kamii Constance, 1984. El número en la edad preescolar. Ed. Visor. Madrid


 Copyright © 2016 Mercedes Lafourcade

Fuente.http://www.dificultadesparaaprender.com/2016/04/actividades-de-intervencion-en.html


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